Sánchez no firmó con Infantino jugar la final del Mundial 2030 en España y el PP baraja dejar la organización si es en Marruecos

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España tiene concedida la organización del Mundial de 2030 junto a Portugal y Marruecos, pero no tiene asegurada su final. Esa diferencia, todavía pendiente de una decisión de la FIFA, ha convertido el partido más importante del campeonato en un conflicto político: el PP plantea abandonar la organización si el encuentro termina disputándose en territorio marroquí, aunque la Federación (RFEF) sostiene que los compromisos adquiridos impiden una retirada. Y así lo ha confirmado precisamente el propio presidente del partido, confirmando la exclusiva adelantada por Alberto D. Prieto y Jorge Pacheco en EL ESPAÑOL. Fuentes del PP consultadas por este periódico afirmaron este jueves que la posición es que, si Alberto Núñez Feijóo gana las elecciones del 29 de noviembre y llega a la Presidencia del Gobierno, propondrá retirar a España de la organización si la FIFA adjudica la final a Marruecos.

De hecho, el propio Feijóo confirmó esta exclusiva durante la madrugada en el programa El Chiringuito: «España ha de organizar la final de la Copa del Mundo y, si no la organiza, en mi opinión España no debería participar en la organización del Mundial», manifestaba el líder popular. El Partido Popular ha situado precisamente esa incertidumbre en el centro de su posición sobre el Mundial. Expresó que es «justo», «oportuno» e «indiscutible» que la final se juegue en España porque el país ha demostrado que es capaz de organizar cualquier evento deportivo con éxito. Además, el líder del PP ha argumentado que España fue, junto a Portugal, el país que impulsó inicialmente la organización del torneo, antes de que se uniera Marruecos.

La advertencia prolonga una línea que el partido venía defendiendo desde agosto. «Un Mundial cuya final no se juega en España no debería ser organizado por España. Exigimos al Gobierno que defienda que la final se celebre en nuestro país», afirmó entonces Alma Ezcurra, vicesecretaria de Coordinación Sectorial. Aquella reclamación acompañaba la petición de reunión que Borja Sémper había dirigido a la ministra de Deportes, Milagros Tolón, para abordar la posición española.

El portavoz popular volvió a intervenir en septiembre, después de que Lekjaa situara públicamente la final en el estadio marroquí todavía en construcción. Gianni Infantino, presidente de la FIFA, junto a Pedro Sánchez. Efe

«Ni presión, ni estrategia, ni una sola gestión conocida. La final no se la darían a Marruecos, se la quitarían a España. Si esto se confirma, hay que replantear nuestro papel», escribió Sémper.

Su mensaje responsabilizaba políticamente al Ejecutivo de la situación, aunque la FIFA no había confirmado la adjudicación anunciada desde Marruecos. De Rubiales a Louzán La controversia alcanza a Pedro Sánchez, que respaldó la incorporación de Marruecos y defendió personalmente la candidatura ante Gianni Infantino, sin que esas gestiones se hayan traducido en una adjudicación de la final a España. El expediente evaluado por la FIFA mantiene como alternativas el Santiago Bernabéu, el Camp Nou y el futuro Gran Estadio Hassan II, en el entorno de Casablanca.

El debate, además, coincide con una fase decisiva de la preparación: los técnicos del organismo internacional comenzaron este miércoles su nueva ronda de inspecciones por España, con los transportes y la movilidad entre los ámbitos sometidos a examen. La candidatura nació como un proyecto ibérico durante la presidencia de Luis Rubiales en la RFEF, en colaboración con la federación portuguesa de Fernando Gomes. En junio de 2021, España y Portugal escenificaron su compromiso en el estadio Metropolitano, con el respaldo de Felipe VI, el presidente portugués, Marcelo Rebelo de Sousa, y los jefes de Gobierno de ambos países. Aquel planteamiento atravesó después sucesivas modificaciones: en octubre de 2022 incorporó a Ucrania, en plena invasión rusa, y en marzo de 2023 se anunció la entrada de Marruecos. El proyecto dejó así de ser exclusivamente ibérico y terminó articulándose alrededor de una alianza entre las federaciones española, portuguesa y marroquí. Según pudo saber EL ESPAÑOL , los tres países estaban de acuerdo y pactaron que la final se jugaría en España -con el Santiago Bernabéu al frente de las conversaciones- y otros detalles que igualmente corren ahora riesgo de no verse cumplidos. En aquel reparto, las semifinales se jugarían en España y en Portugal y los cuartos de final se dividirían: dos en Marruecos y uno para cada país de la península.

De aquí para abajo, España llevaría el peso con más del 50% de la organización del resto del torneo. Luis Rubiales junto al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, en una imagen de archivo. EFE

Pedro Rocha asumió la continuidad del proyecto después de la inhabilitación de Rubiales, y es durante su breve mandato el momento de presentar un proyecto cerrado. Ahí es cuando, por primera vez, se comete el error de dejar abierta la sede de la final. El documento técnico que entregó la candidatura y que examinó la FIFA incluyó tanto los dos grandes estadios españoles como el recinto marroquí entre las propuestas para el encuentro decisivo. El 4 de octubre de aquel año llegó el anuncio del Consejo de la FIFA que dejó a España, Portugal y Marruecos como única candidatura para organizar el campeonato, incorporando además tres partidos conmemorativos del centenario en Argentina, Paraguay y Uruguay.

El proceso modificaba tanto el mapa del torneo como su dimensión, extendiéndolo a seis países de tres continentes. Rocha participó después en la formalización de la candidatura: los tres presidentes federativos suscribieron en Rabat, el 28 de octubre, la carta que confirmaba su intención de organizar el Mundial.

La FIFA proclamó oficialmente a los tres países anfitriones el 11 de diciembre de 2024, cinco días antes de la elección de Rafael Louzán como presidente de la RFEF. La intervención de Sánchez La participación de Sánchez fue limitada a lo largo de todo el proceso: en junio de 2021 suscribió la declaración de apoyo gubernamental al proyecto hispanoportugués y, posteriormente, su Ejecutivo avaló la incorporación marroquí. El presidente se implicó en la interlocución directa con Infantino durante la preparación final de la candidatura, ante la falta de liderazgo en una RFEF descabezada y sumida en una profunda crisis institucional. Ambos se reunieron en Nueva York el 19 de septiembre de 2023, poco antes del anuncio del Consejo de la FIFA. En su comparecencia del día siguiente, Sánchez explicó que había abordado con el dirigente del fútbol mundial la defensa de la propuesta conjunta de España, Portugal y Marruecos. De aquel encuentro, la candidatura salió con la adhesión de Argentina, Paraguay y Uruguay -es decir, dejando a España también sin el partido inaugural- y sin certeza alguna, bajo firma, de que la final se jugaría en el país con mayor peso en la organización. Es la falta de liderazgo en la RFEF y el desconocimiento de Sánchez, que no había tenido un papel directo previo en la candidatura, lo que hace el gran daño y lo que a día de hoy mantiene en vilo a España ante la posibilidad de quedarse sin su final.

Gianni Infantino, junto a Pedro Sánchez en un encuentro ocurrido en 2023. Europa Press

Simultáneamente, Infantino celebró una doble victoria: dejar la puerta abierta a una final en Marruecos, que ganó fuerza con el tiempo y con los deberes hechos en el país vecino; y despejar el camino para que, en tiempo récord, a Arabia Saudí se le adjudicara la organización del Mundial de 2034. Sin países sudamericanos en la terna y la desaparición, de un día para otro, de la candidatura de Australia para el 2034, la FIFA obtuvo luz verde para dar a dedo el Mundial al ‘gigante’ de Oriente Medio solo 12 años después de pasar por Qatar. La RFEF rechaza retirarse El planteamiento del PP choca con la posición trasladada desde la RFEF, donde sostienen que abandonar la organización no es una alternativa viable por los acuerdos suscritos. La Federación mantiene la aspiración de conseguir la final, pero separa esa negociación de la continuidad española en el campeonato.

Louzán ya respondió públicamente a esa posibilidad en septiembre, cuando recordó los compromisos adquiridos con la FIFA, los demás países organizadores y el Gobierno. «Hay unos acuerdos firmados», advirtió el dirigente federativo, que apeló a la prudencia frente a las propuestas de ruptura. El presidente de la RFEF defendió asimismo que «España es la promotora de este Mundial», junto a Portugal, y sostuvo que existen argumentos para organizar aquí el partido decisivo. La controversia no altera, por ahora, el procedimiento anunciado por la FIFA: primero debe completar la evaluación y confirmar las ciudades anfitrionas; después determinará el número y el tipo de encuentros que corresponderán a cada sede. España, bajo examen Mientras se cruzan esas posiciones, la FIFA está examinando sobre el terreno las garantías organizativas españolas.

La delegación comenzó el miércoles en San Sebastián y continuó este jueves en Bilbao, dentro de una ronda de visitas que se desarrollará durante noviembre y diciembre por los tres países anfitriones. La revisión incluye estadios, alojamientos, servicios sanitarios, campos de entrenamiento e infraestructuras de transporte. Los inspectores mantendrán además reuniones con administraciones y responsables de movilidad para comprobar la preparación operativa de las ciudades candidatas, no solamente las características de sus recintos deportivos. Delegados de la FIFA visitaron este jueves San Mamés junto a representantes de la RFEF.

RFEF

El examen llega sin Infantino, cuyo viaje anunciado a España fue cancelado tras la convocatoria electoral, y con el país pendiente de los comicios del 29 de noviembre. En la RFEF existe preocupación por la impresión que pueda llevarse la delegación en este contexto de inestabilidad política y crisis reputacional. El accidente ferroviario de Urda añade un frente especialmente sensible a esa evaluación: la fiabilidad de una infraestructura esencial para desplazar viajeros entre ciudades. La tragedia ha provocado también la dimisión de Óscar Puente como ministro de Transportes, anunciada el martes, inmediatamente antes del comienzo de las inspecciones en España.

Con la organización comprometida y la final todavía en disputa, el país debe acreditar ante los inspectores que sus planes pueden responder a las exigencias de desplazamiento, seguridad y coordinación de una cita de esta magnitud.
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