Belleza
Palabra de experta
Estos son los 4 gestos que pueden estar realizando y que deshidratan tu piel.
Actualizado a 14 de enero de 2026, 13:00
Pese a invertir en cosméticos de última generación, seguir rutinas cada vez más completas y confiar en activos potentes, muchas pieles siguen viéndose apagadas, tirantes o sin vida. ¿La razón? En muchos casos el problema no está en el tipo de producto en sí, sino en hábitos diarios que realizamos de forma automática y que favorecen la pérdida de agua.
Tal y como explica Abigail Arduan, especialista en estética facial avanzada y directora de los centros Arduan, la hidratación de la piel es el resultado de un equilibrio delicado entre cuidados externos e internos. Destaca cuatro gestos muy comunes que, según la experta, deshidratan la piel y alteran la función barrea. Saca papel y lápiz, que te los contamos.
No limpiar la piel correctamente La base de toda rutina de skincare que se precie debe de comenzar con una buena limpieza. A pesar de ello, es donde se pueden cometeré más errores, siendo uno de los principales enemigos de la hidratación cutánea. “Una piel mal limpiada no puede retener la hidratación correctamente, pero una limpieza con productos inadecuados también compromete su barrera protectora”, explica Abigail.
Una buena limpieza facial es la base de toda rutina de skincare.
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“La clave está en usar fórmulas suaves, respetuosas y adaptadas a cada piel, que limpien sin agredir ni resecar”, añade. Saltarse este paso, especialmente por la noche, impide eliminar restos de maquillaje, protector solar, contaminación y sebo, dejando que se acumule sobre la piel.
Esto no solo hace que los poros se obstruyan y que la absorción de los tratamientos posteriores se dificulte, sino que podemos provocar tirantez, irritación y pérdida de agua. En este sentido, la experta apunta que, “una limpieza correcta, realizada mañana y noche con un producto adecuado a tu tipo de piel, es la base para que la piel se mantenga hidratada y receptiva. Si la piel no está bien limpia o se utilizan fórmulas inadecuadas, ningún tratamiento posterior va a funcionar al cien por cien”.
Beber poca agua y abusar de bebidas deshidratantes Otro de los grandes errores es pensar que la hidratación de la piel depende únicamente de los cosméticos que aplicamos, cuando la realidad es que empieza desde dentro. Beber poca agua de forma habitual, unido al consumo frecuente de café, alcohol o bebidas azucaradas, favorece la deshidratación cutánea.
Beber poca agua puede reflejarse en un rostro más seco y tirante.
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“La piel es uno de los primeros órganos en reflejar la falta de hidratación interna y es que, cuando el cuerpo no recibe suficiente agua, prioriza funciones vitales y la piel queda en segundo plano”, señala la experta. El resultado es una piel apagada, con menor elasticidad y mayor tendencia a marcar líneas de expresión.
Por este motivo, mantener una hidratación adecuada y constante es fundamental para que la piel conserve su elasticidad, su luminosidad natural y su buen funcionamiento. Ten claro que ninguna crema puede compensar completamente un déficit de agua sostenido en el tiempo.
Exfoliar la piel con demasiada frecuencia La exfoliación es uno de los pasos más malinterpretados del cuidado facial. Si lo hacemos de forma correcta, notaremos una mejora en la textura, la luminosidad y la renovación celular. En cambio, mal utilizada, se convierte en un potente factor de deshidratación.
“Muchas personas confunden exfoliar con limpiar mejor, y eso es un grave error”, advierte Abigail. Aquí hay que seguir el lema de menos es más, ya que hacerlo en exceso no elimina solo solo las células muertas, sino también los lípidos naturales que protegen la barrera cutánea y evitan la pérdida de agua.
A ello añade, “la exfoliación no es un paso universal ni igual para todas las pieles. Existen exfoliantes de uso diario, formulados para renovar la piel de forma suave, y otros más intensivos que deben aplicarse solo una o dos veces por semana. El problema aparece cuando se utilizan sin criterio o sin conocer realmente las necesidades de la piel”.
Usar agua muy caliente al lavar el rostro o ducharse Ahora que nos encontramos en pleno invierno, este es uno de los gestos más cotidianos y, al mismo tiempo, uno de los más agresivos para la piel. Aunque no lo creas, el uso habitual de agua muy caliente contribuye a la deshidratación cutánea, tanto en el rostro como en el cuerpo (ya que lo mismo pasa al ducharnos).
Utilizar agua muy caliente puede ayudar a deshidratar la piel.
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“El agua caliente puede resultar agradable, pero a nivel cutáneo es muy agresiva. Debilita la barrera protectora y deja la piel más vulnerable, seca y tirante”, explica Arduan. Las altas temperaturas arrastran los aceites naturales que protegen la piel y favorecen la pérdida de agua transepidérmica.
Optar por agua templada, reducir la duración de la ducha y evitar el contacto prolongado con agua muy caliente son gestos sencillos que marcan una gran diferencia en la hidratación de la piel. “Cada piel necesita un ritmo distinto, y respetarlo es clave para mantenerla sana e hidratada”, finaliza la experta.
La buena noticia es que corregir estos errores no requiere grandes inversiones ni rutinas complejas. Simplemente con pequeños ajustes y ser más conscientes en nuestros gestos, podemos transformar visiblemente el estado de la piel. No se trata de añadir más, sino de hacerlo mejor.

