El Rey Felipe, imparable: el fuerte impacto que ha tenido su mensaje de Navidad en redes

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Actualizado a 26 de diciembre de 2025, 14:11

¡La Casa Real está de enhorabuena! Fiel a la tradición, el Rey Felipe se convertía en el centro de atención de todas las miradas a las 21:00 horas del pasado 24 de diciembre, día de Nochebuena, al pronunciar su discurso. En esta ocasión, el monarca español hizo algunas modificaciones, como por ejemplo, tomar la palabra de pie desde el Salón de Columnas del Palacio Real de Madrid, pues en las once anteriores veces lo había pronunciado sentado. Pero eso no fue lo que más llamó la atención, sino que fue un mensaje con el que el soberano se mostró mucho más cercano e innovador que en otros momentos. 

El Rey Felipe en el Salón de Columnas del Palacio Real de Madrid.

Gtres

El Rey Felipe no solo echaba la vista atrás para poner en valor los 50 años de democracia, sino que también, con un lenguaje muy sencillo y cercano, ponía el foco en dar “confianza al presente y al futuro”. Algo que no ha pasado desapercibido para los ciudadanos, que han querido mostrar más apoyo que nunca al monarca y a la Casa Real en general al protagonizar un movimiento que deja muy claro que la popularidad de la institución va ‘in crescendo’. 

Es cierto que la Casa Real tenía cuenta tanto en X como en YouTube desde hacía tiempo, pero hasta hace poco, no tenía un perfil oficial en Instagram. Esto hacía que diera la sensación de que se trata de una institución mucho más antigua que otras europeas, pues otras casas reales ya utilizaban esta red social previamente. Sin embargo, con motivo del décimo aniversario de la proclamación de Felipe VI como jefe de estado, los Reyes y sus hijas, la Princesa Leonor y la Infanta Sofía, inauguraron su cuenta oficial, y desde ese momento, solo les ha traído alegrías.

El Rey Felipe con un árbol de Navidad de fondo.

Gtres

La Casa Real desbloquea un nuevo logro 2.0 tras las palabras del monarca en Navidad En esta no solo se han hecho eco de actos oficiales, sino que han mostrado la imagen más humana de la Familia Real a través de selfies y otros momentos más cercanos. Ahora, en torno a un año y medio después del estreno, el discurso navideño del Rey Felipe ha hecho que los seguidores de la cuenta se disparen hasta alcanzar nada más y nada menos que un millón. 

Esto demuestra que los cambios que han tenido lugar en este mensaje de Navidad han calado por completo en la población. El texto pronunciado por el Rey Felipe ha tenido menos palabras que el anterior, de 1.800 a 1.126, lo que ha hecho que sea más claro y conciso, y por ende, sea más entendible para las personas de a pie. Todo ello probablemente sea obra de la periodista Rosa Lerchundi, que el pasado mes de septiembre sustituía a Jordi Gutiérrez al frente del equipo de comunicación de Zarzuela. Ahora, la comunicadora ha aportado un soplo de aire fresco a la institución que se ha reflejado especialmente en uno de los días más señalados para la Corona. 

Así ha sido el discurso navideño más innovador del Rey Felipe En este sonado discurso de nueve minutos y dos segundos, el Rey Felipe tomaba la palabra por primera vez en un plano secuencia que le otorgaba un aspecto prácticamente cinematográfico que captó la atención de los ciudadanos en cuestión de instantes.

“Buenas noches. Hace 40 años en este mismo Salón de Columnas del Palacio Real de Madrid se firmó el tratado por el que ingresamos en las Comunidades Europeas. También se han cumplido 50 del inicio de nuestra transición democrática. Estos aniversarios me animan a hablaros esta Nochebuena de convivencia; de nuestra convivencia democrática, a través de la memoria del camino recorrido y de la confianza en el presente y en el futuro”, comenzaba, sin olvidar el pasado, pero teniendo muy en cuenta el presente.

La Transición fue, ante todo, un ejercicio colectivo de responsabilidad. Surgió de la voluntad compartida de construir un futuro de libertades basado en el diálogo. Quienes encauzaron aquel proceso lograron que finalmente el pueblo español en su conjunto fuera el verdadero protagonista de su futuro y asumiera plenamente su poder soberano. Aun con sus diferencias y sus dudas, supieron salvar sus desacuerdos y transformar la incertidumbre en un sólido punto de partida, sin tener la certeza de lograr lo que buscaban. Aquel coraje —el de avanzar sin garantías, pero unidos— es una de las lecciones más valiosas que nos enseñaron.Fruto de aquel impulso fue nuestra Constitución de 1978, el conjunto de propósitos compartidos sobre el que se edifica nuestro presente y nuestro vivir juntos, un marco lo bastante amplio para que cupiéramos todos, toda nuestra diversidad.

Nuestra incorporación al proceso de integración europeo fue el otro paso decisivo, ilusionante y movilizador. Y también fue el resultado de un compromiso colectivo: el de un país que quería cerrar una etapa marcada por un prolongado distanciamiento de una Europa con la que compartimos principios y valores y un proyecto común de futuro. Europa no sólo trajo modernización y progreso económico y social: afianzó nuestras libertades democráticas.

Esa perspectiva histórica nos ayuda a observar que España ha experimentado una transformación sin precedentes en estas cinco décadas, que permitió consolidar las libertades democráticas, el pluralismo político, la descentralización, la apertura hacia el exterior y la prosperidad.

Nuestra sociedad está forjada por generaciones que recuerdan la Transición y por otras que no la vivieron y que han nacido y crecido en democracia y libertad. Generaciones de mayores que han visto cambiar España como nunca antes en nuestra historia; generaciones de adultos que concilian, con gran esfuerzo, responsabilidades laborales, familiares y personales; y generaciones de jóvenes que afrontan ahora nuevas dificultades con iniciativa y compromiso. Todas son necesarias para avanzar de forma justa y cohesionada. Y a todas ellas me dirijo.

Vivimos tiempos ciertamente exigentes. Muchos ciudadanos sienten que el aumento del coste de la vida limita sus opciones de progreso; que el acceso a la vivienda es un obstáculo para los proyectos de tantos jóvenes; que la velocidad de los avances tecnológicos genera incertidumbre laboral; o que los fenómenos climáticos son un condicionante cada vez mayor y en ocasiones trágico. Tenemos muchos desafíos… Y los ciudadanos también perciben que la tensión en el debate público provoca hastío, desencanto y desafección. Realidades, todas ellas, que no se resuelven ni con retórica ni con voluntarismo.

A lo largo de estos 50 años nuestro país ha demostrado reiteradamente que sabe responder a los desafíos internos y externos cuando hay voluntad, perseverancia y visión de país. Lo vimos en crisis económicas, en emergencias sanitarias, ante catástrofes naturales, y también lo vemos cada día en el trabajo callado y responsable de millones de personas.

España ha progresado cuando hemos sabido encontrar objetivos que compartir. Y la raíz de todo proyecto compartido es necesariamente la convivencia. Ya me he referido a ella en ocasiones anteriores, pero es la base de nuestra vida democrática. Quienes nos precedieron fueron capaces de construirla incluso en circunstancias difíciles, como las de hace 50 años. 

Pero la convivencia no es un legado imperecedero. No basta con haberlo recibido: es una construcción frágil. Por esa razón, todos debemos hacer del cuidado de la convivencia nuestra labor diaria. Y para ello necesitamos confianza.

En este mundo convulso, donde el multilateralismo y el orden mundial están en crisis, las sociedades democráticas atraviesan, atravesamos, una inquietante crisis de confianza. Y esta realidad afecta seriamente al ánimo de los ciudadanos y a la credibilidad de las instituciones.

Los extremismos, los radicalismos y populismos se nutren de esta falta de confianza, de la desinformación, de las desigualdades, del desencanto con el presente y de las dudas sobre cómo abordar el futuro.

No basta con recordar que nosotros ya hemos estado ahí, que ese capítulo de la historia ya lo conocemos y que tuvo consecuencias funestas. Nos corresponde a todos preservar la confianza en nuestra convivencia democrática. Preguntémonos, sin mirar a nadie, sin buscar responsabilidades ajenas: ¿qué podemos hacer cada uno de nosotros para fortalecer esa convivencia? ¿Qué líneas rojas no debemos cruzar?

Estoy hablando de diálogo, porque las soluciones a nuestros problemas requieren del concurso, la responsabilidad y el compromiso de todos; estoy hablando de respeto en el lenguaje y de escucha de las opiniones ajenas; estoy hablando de especial ejemplaridad en el desempeño del conjunto de los poderes públicos; también de empatía; y de la necesidad de situar la dignidad del ser humano, sobre todo de los más vulnerables, en el centro de todo discurso y de toda política.

Recordemos —en esta víspera de Navidad— que, en democracia, las ideas propias nunca pueden ser dogmas, ni las ajenas, amenazas; que avanzar consiste en dar pasos, con acuerdos y renuncias, pero en una misma dirección, no correr a

costa de la caída del otro; que España es, ante todo, un proyecto compartido: un modo de reunir —y de realizar— los intereses y aspiraciones individuales en torno a una misma noción del bien común.

Cada tiempo histórico tiene sus propios desafíos. Los caminos fáciles no existen. Los nuestros no lo son ni más ni menos que los de nuestros padres o abuelos. Pero tenemos un gran activo: nuestra capacidad de recorrerlos juntos. Hagámoslo con la memoria de estos 50 años y hagámoslo con confianza. El miedo solo construye barreras y genera ruido, y las barreras y el ruido impiden comprender la realidad en toda su amplitud.

Somos un gran país. España está llena de iniciativa y de talento, y creo que el mundo necesita —más que nunca— de nuestra sensibilidad, de nuestra creatividad y nuestra capacidad de trabajo, de nuestro sentido de la justicia y de la equidad y de nuestra apuesta decidida por Europa, sus principios y sus valores.

Podremos lograr nuestros objetivos, con aciertos y errores, si los emprendemos juntos; participando todos, orgullosos, de este gran proyecto de vida en común que es España.

Con la convicción de que sabremos avanzar unidos en esa dirección, recibid mis mejores deseos para estos días y el nuevo año, junto a los de la Reina y los de nuestras hijas, la Princesa Leonor y la Infanta Sofía.

Feliz Navidad a todos. Eguberri on, Bon Nadal, Boas Festas”.

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